Ese continuo que me sostiene

 


Seguido me confundo y pienso que tendría que aprender a escribir desde la lejanía. Como esas autoras de la facultad que tienen muchos conectores y muchas formas de decir lo mismo y que suene correcto, escribir comodamente sin sentirse atravesada. En automático. 

Hoy, por ejemplo, quería hablar sobre como me siento con lesbianas, sobre la conexión inexplicable y sobre la resistencia silenciosa en el encuentro con una mujer que ama a las mujeres, pero.. ¿no les parece que lo que quieren desentrañar y darse a sí mismas entender, parece una lana entre la boca del estómago y el corazón? y yo pensé, "sobre las lesbianas tengo tanto que decir, porque somos tantas y hacemos tanto, y sufrimos tanto y nos miramos tanto.." pero ahí está la bolita de lana, haciendo que todo quiera salir al mismo tiempo con tanto que decir y tan poca herramienta. Y en el proceso de pensar me di cuenta que tenía enormes vivencias como puntos a unir en un gran algo, más que palabras que pudiesen reflejar técnicamente lo que significa ser y vivir así tan bonito.

Un día unas amigas tras una juntada de compartir, charlar comer bonito, reír, ver películas y dormir, nos admitieron a mi y mi amor haber vuelto a sus casas "más lesbianas".  

Una vez, cuando una compañera amiga leyó un poema de Karina Vergara Sánchez, que afirmaba la presencia y la furia lesbiana, lloré. También leyéndole en voz alta a mi amor un pequeño párrafo de Margarita Pisano. 

Un día fui capaz de mirar y escuchar a mi hermana hablar tan enérgica sobre su amor por lo que hacía por sí misma que no pude imaginar amor más puro que aquel que te sostiene capaz de conectarte con la otra.

Otro día, otra compañera a quien admiro mucho, en un taller lesbofeminista, entre tips para aplicarlos, nos habló de no subirse al ring con otras mujeres. Y de alguna forma entendí que no subirse al ring era también una forma de afirmar cariño, de atender que la otra no ataca misóginamente a quien ataca, se ataca a sí reflejada, quiere herir al miedo de descubrirse en posible diferencia con los hombres. 

No hace mucho, otra amiga compañera nos conmovió (a mi y mi novia) en la conflictiva sobre creer haberse enamorado de lo que llevamos construyendo como amigas. De haberse dado cuenta de una emoción nueva al ver por fuera de ese amor y no saber como reaccionar ante un sentir tan intensa y política con un conjunto de mujeres con las que podía sentirse y mirarse.

Final y constantemente, a veces mi amor me abraza y me reensambla completa, le veo los ojos y veo en su reflejo la complitud del acompañar a alguien inmenso que ama mucho, tan igual y tan diferente, tan enorme y tan radiante, tan despierta y tan dispuesta a atravesar el mundo con cariño y pisar firme sin perder la suavidad del tacto mismo contra el mundo, y me veo. 

Y me veo. 
Me veo. 
A través de ellas, me sentí enmarcada, viva. 

Y creí que estas experiencias, todas bastante recientes, en distintos ámbitos, momentos y con distintas mujeres me hacían y sostenían viva, tanto en el momento como en la memoria, en el sentirme atravesada por una verdad increíble: una conexión que parece contradictoria, fugaz pero constante, de instantes entrecruzados que forman parte de un espiral (supongamos el famoso "continuum" de Adrienne Rich); un viaje vincular más allá de una y distinta de las unidades sumadas y de una masa indefinible, una conexión histórica, palpitante, viva. Como si en cada situación me hubiesen cobijado y susurrado que con el alma sus raíces y su momento ante mi tomaban mi mano y me admitían igual y diferente, regalándonos ese espacio único e íntimo.
 
Pequeños encuentros, fugaces y constantes e interminables, de eso que no se comprende desde fuera y se vive como una eternidad en compromiso inevitable, parte de la libertad del decidir amar y ser amada de verdad y apostar por ese encuentro que es la suma de muchos otros en el tiempo de otras, iguales a nosotras. Ustedes deben tener muchos también, hay que acordarse.
 
Un día una mujer heterosexual, incomoda, reprendió a otra mujer, pregúntandole qué hacía ella por el fin del patriarcado. Ella, lesbianísima y con la calma de la marea, le contestó con una tranquilidad inquietante: "me alimento consciente, tengo una huerta, cuido el agua, tengo amigas, amo a las mujeres". 
 


Comentarios

  1. me da pena no saber expresarme correctamente pero. Sentí un escalofrío en el cuerpo seguido de un tibio fuego en el pecho: leerte es toda una experiencia.!

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